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Experiencia Ephata en el hospital Vatelot

Encarando el miedo de partir sola para un viaje tan largo, llegué bien en Costa de Marfil gracias a la ayuda de personas atentas en todas partes donde estuvé.

Un triduo organizado para el  50e aniversario de la presencia de la Congregación en suelo marfileño...un tiempo de acción de gracias con los creyentes y los habitantes...los cantos de la misa...las grandes sonrisas...todo era bueno para mis ojos.

Cada vez que yo curaba a los enfermos en el hospital Vatelot, viendo la extensión y la profundidad de las heridas, todo mi cuerpo sufría. Viendo a estos enfermos gritar, rechazar este gran sufrimiento y asustarse, pensé a los sufrimientos de Jesús y quise consolarles con toda mi ternura y aliviar su corazón agotado.

Al final de mi estancia, como tuve la malaria, sólo  pude decir un adios muy cortito a los enfermos, y lo lamenté. Me acuerdo todavía de sus rostros.

Sí, estuvé muy contenta de encontrar a las Hermanas de la comunidad del noviciado, de Bouaké y de Niangon. Pudé hacer la experiencia de la necesidad del tiempo, del dialogo y del encuentro para aceptar y entender la cultura de cada una.

Gracias a Dios, a la Congregación y a las Hermanas que me ayudaron del principio al final de mi experiencia.

Soeur Pedro Lee