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“Si conocieras el don de Dios…” Jn. 4,10

 

Era la palabra del Evangelio que venía a mí una y otra vez, como respuesta a mi deseo de partir al Congo a “conocer” la misión de nuestras hnas. La samaritana buscaba “agua”,  yo, ¿qué buscaba?

El agua que brota y salta hasta la vida eterna, se convierte en manantial al conocer y palpar un poco la realidad de vida en el Congo.

El agua abundante que contienen los ríos congoleños, esquivas en las comunidades y  casas y que es necesario acudir al pozo para poder beberla y saciar la sed, me hacía apreciar más nuestro carisma que tuvo la fuerza de volar tan lejos como una semilla llevando, como germen, el Evangelio de Jesús. ¡Cuánto dinamismo y fuerza de nuestras hnas. Congoleñas por llevar adelante esta misión! ¡Cómo brota la semilla de la sangre de nuestras hnas. Mártires en esa bendita tierra amada por Dios y por la Iglesia!

El Congo ya no es solo el nombre de un país en donde está presente la Doctrina. Es un país con rostro, con “múltiples rostros” el de mis hnas. Y el de la multitud de niños que miré, abracé y besé. Una tierra en donde echa raíces  el carisma y que es posible convivir en ella pese a nuestra diferencia de culturas

Para siempre se quedó grabado, en mi corazón,  la fuerza de su voz y de su canto: “Debout congolais… Congo, don béni, Congo des aïeuls, Congo. O pays Congo,  bien- aimé Congo… »

Alabo y bendigo hoy al Señor. Agradezco infinitamente a Hna. Viviane y su Consejo por haberme dado la autorización para vivir esta experiencia. A mis Hnas. Chilenas que apoyaron este deseo y a nuestras Hnas congoleñas por su acogida cariñosa, por su alegría, por haberme enseñado la importancia del descanso y reposo en comunidad.     

Hna. Sonia Erices Gavilán. Chile, 27-02-2018